Miguel y Fernando están desayunando, como siempre, en su bar habitual.

MIGUEL: Ayer te dio bien el sol, ¿eh?
FERNANDO: Sí, tío. Por fin estrené la temporada de playa Verano 2007. Te podías haber venido, cabías en el coche....
MIGUEL: Ya, pero la playa no me va. Prefiero la piscina. El agua de mar me da asco.
FERNANDO: ¿Asco? Pero si es lo más natural del mundo.
MIGUEL: Y tan natural, como que todo el mundo hace ahí sus necesidades. ¿O te crees que la gente aguanta cinco y seis horas en la playa sin echar un meo?
FERNANDO: Hombre, es que si te pones así....
MIGUEL: Que no, hombre, que no me baño en el mar, para estar traganado meados de todo el mundo.
FERNANDO: Pero hombre, aunque la gente se mee, pero luego se diluye....
MIGUEL: Sí, claro. Se diluye....¡En tu estómago! Y es más, no sólo se mean las personas, también los peces, y los cangrejos, ¡y hasta defecan! El mar es un gran báter.
FERNANDO: ¿Y qué te crees, que en las piscinan no mean los niños?
MIGUEL: Pues no, porque si mean, sale el color rojo ese a su alrededor.
FERNANDO: Sí, claro. ¿Y tú te crees eso? Si eso es el mayor bulo de la historia. Te lo dicen desde crío para que lo interiorices, y así nunca te atreves a mear en la piscina, pero es falso, es ciencia ficción. ¿De verdad creías que iba a salir la mancha roja?
MIGUEL: Pues no sé, siempre se dice que echan un producto....
FERNANDO: Sí, claro, un producto misterioso que jamás nadie ha visto. Anda, anda, y si no me crees, méate un día en la piscina y lo compruebas....
MIGUEL: Pero quillo, ¿tú crees que me voy yo a arriesgar a que me pillen? Además, es una guarrería.
FERNANDO: Basta con que eches unas gotitas. Si no sale ninguna mancha roja, entonces vienes y me lo dices.
MIGUEL: Bueno, bueno, ya veremos.....
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A esa misma hora, en la plaza (es decir, en el mercado), Margarita y su hijo quinceañero Rodrigo se pasean entre los distintos puestos de pescao. Rodrigo mantiene un gesto de asco durante todo el recorrido.
MARGARITA: Mira, hijo. Eso de ahí es un mero, y eso otro acedías, y lo de arriba pez espada, y eso blanco chocos, que están mu güenos con papas.
RODRIGO: Mamá, ¿y a mí qué?
MARGARITA: Ay, hijo, que tienes que saber de todo en la vida, que si no serás como tu padre, que no sabe ni hacerse un huevo frito. Y además, así me ayudas ahora que has acabado los colegios.
RODRIGO: Mamá, en mi primer día sin colegio y me despiertas pa traerme a la plaza. De verdad, mamá, eres cruel.
MARGARITA: Pero si tienes todo el verano para dormir, gandul. Mira, esta tarde te doy 5 euros y te vas con tus amigos a tomarte un helado.
RODRIGO: Que sean 10, que con 5 no me da ni para el autobús.
MARGARITA: Y tú te crees que yo soy tonta. 5 euros y va que chuta.
RODRIGO: Bueno, mira. Un trato: yo me aprendo los pescaos y tú me das 10 euros, ¿vale?
MARGARITA: No sabe ná el niño. bueno, pero te los aprendes todos. Desde el centollo hasta el gallo.
RODRIGO: Lo que haga falta, siempre que me des los 10 euros.
MARGARITA: ¿Y qué vas a hacer con tanto dinero? Tú no fumarás, ¿verdad?
RODRIGO: ¡Yo qué voy a fumar, mamá!
MARGARITA: Porque a veces hueles a tabaco.
RODRIGO: Eso es que voy a sitios con humo, ¿qué culpa tengo?
MARGARITA: Ya, tú te crees que nací ayer.
RODRIGO: Bueno, vale. Lo que tú digas. Mira, en ese puesto no hay nadie. Enséñame los meros esos.
MARGARITA: Primera lección: si hay poca gente es porque el pescao está regulá o muy caro. Así que vamos a ese, que está lleno.
RODRIGO: Ay, mamá, qué coñazo, si ese está lleno de viejas....
MARGARITA: Niño, más respeto, que no te hemos educao para decir esas cosas.

Y Margarita y Rodrigo pidieron la vez en el puesto atestado de gente y cuando les tocó el turno se habían acabado las acedías, y después de un "válgame Dios" de margarita, optó por pedir unos chocos para hacer unas papas con chocos que quitan el sentido......