Miguel y Fernando pasean por la transitada y calurosa calle Larga. Pasan por delante del BBVA....
MIGUEL: Mira, la chica de los periódicos gratuitos.
FERNANDO: ¿Y qué? Cógele uno, hombre, y así acaba antes su jornada.
MIGUEL: No, si ya lo sé.
Los dos amigos cogen un periódico cada uno...., y Miguel lo hace con mucha amabilidad.
FERNANDO: ¿Qué pasa, te la quieres ligar o qué?
MIGUEL: No, hombre. Tan sólo pienso en mi futuro. Ahora esa chica es repartidora, pero las cosas le pueden ir mejor, quizás progresa y acaba siendo la responsable de Recursos Humanos de la empresa en la que quiero trabajar, así que cuando llegue ese día, se acordará de lo simpático que era yo siempre con ella.
FERNANDO: Y te contratará, claro.
MIGUEL: Por supuesto.
Los dos amigos pasan por delante del puesto de loterías de la misma calle.
FERNANDO: Ojú no hay gente ni ná. ¿Qué pasa, hay bote o qué?
MIGUEL: ¿Bote? Bote los que pega el tío de Jerez que le tocó el lunes el segundo premio de la Bonoloto, ése sí que pega botes.
FERNANDO: Joé, que tío con más suerte. No fue mucho, unos 30 millones, pero lo suficiente pa pagarse el piso y pa irse a un par de ventas a hartarse de comer.
MIGUEL: Yo quiero ser un cabrón ganador de loterías.... Es mi sueño, y algún día lo conseguiré.
Los dos amigos pasan por delante del puesto del carrito a la altura de El Gallo Azul.
FERNANDO: Hay que ver la de tiempo que lleva ese hombre ahí con su carrito.
MIGUEL: No veas, tío. Y lo buenas que están las almendritas calentitas que vende. Yo cada vez que paso por aquí me compro una bolsita. ¡Qué arte tiene el hombre!
FERNANDO: Así estás de gordo.
MIGUEL: Mira, cada uno es lo que es. Y no estoy tan gordo, yo hago una dieta y me quedo estupendamente.
Los dos amigos llegan a la altura de la Plaza del Arenal.
FERNANDO: ¿Qué pasa, por qué te paras?
MIGUEL: Mira, déjate de recaos y ven que hoy te vas a culturizar un poco. Vén, mira, ¿alguna vez te has fijado en el caballo de la escultura?
FERNANDO: Joé, quillo, que luego se forma una cola que no veas.
MIGUEL: Da igual. Mira tío, fíjate en lo que hizo Benlliure. Fíjate en el movimiento del caballo, en la grandeza del animal. Mira, mira, mira, si hasta se ven las venas de las piernas del caballo. Con la de veces que pasamos por aquí y nunca nos paramos a observar los tesoros de nuestra ciudad.
FERNANDO: Ya, eso sí. Llevo toda mi vida pasando por la plaza Plateros y de repente miro para arriba y me fijo en la torrecilla que tiene una de las casas, una que está en la esquina, frente a la farmacia.
MIGUEL: ¿Lo ves? Y es como descubrir América, con la de veces que pasamos por los sitios....
FERNANDO: Eso nos pasa por estar todo el tiempo mirando al suelo buscando monea.
MIGUEL: Y evitando pisadas de mierda.
FERNANDO: Eso sí. Bueno, venga, vamos que tengo que hacer ese recao.
MIGUEL: Ah, por cierto. Mira, a partir de mañana deberíamos limitar la mañana al desayuno y a tres recaos entre los dos, ¿vale?
FERNANDO: Peor quillo, si hay que hacer cosas, hay que hacerlas.
MIGUEL: Mira, no todos los recaos son urgentes. Pero lo que no podemos hacer es tener un día muy ocupado y el siguiente sin nada que hacer. Así que tres al día van bien. Que ves que tienes varias cosas que hacer, pues te distribuyes, luego nos ponemos de acuerdo y ya está. Quillo, que si no es que hay días que son un tostón.
FERNANDO: Ya, eso sí.
Y Miguel y Fernando se fueron rumbo a una oficina municipal donde Fernando debía pagar no sé qué impuesto munisipá.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados