De esto hace ya 14 días, así que no es actualidad, pero sí resulta curioso narrar lo ocurrido. El pasado 12 de agosto, unos trabajadores hacían huelga, acampados, frente al Convento de Santo Domingo. Se quejaban de que sus empresas no les pagaban, aunque éstas argumentaban que si no pagaban era porque el ayuntamiento no les pagaba.
El caso es que la misma mañana en la que los obreros decidieron poner fin a la huelga en forma de acamapada, ocurrió lo siguiente:
Era temprano, más o menos las 10 de la mañana. Esa esquina mágica donde se cruzan la Porvera, la calle Sevilla y la calle Larga estaba tan hermosa como siempre. Los transeúntes comenzaban a tener calor; se auguraba un día caluroso. Justo en la esquina donde se escuentra la puerta del convento de Santo Domingo, unos 7 trabajadores mantenían la huelga que iniciaron 5 días antes. Pedían lo que les era de justicia: el pago de sus sueldos. La empresa les debía los correspondientes a junio y julio. Era fácil imaginar lo mal que lo estarían pasando, pues los bancos y los recibos no esperan a que tus jefes te paguen; puntualmente, a inicios de mes, te cobran las hipotecas, los recibos del agua, el teléfono, la luz... Y aparte hay que comer. Es curioso que por un lado se sentirían afortunados por tener trabajo, y más aún perteneciendo al área de la contrucción... pero por otro lado, de poco sirve trabajar si no te pagan en los plazos establecidos.
El caso es que eran las 10 de la mañana, y a lo lejos se veía llegar a D. Pedro Pacheco: ex-alcalde, ex consejero de Urbanismo y concejal en la actualidad del Ayuntamiento de Jerez. Venía andando, porque ya declaró en su momento que él renunciaba al coche. En cualquier caso, parece ser que no vive tan lejos del Ayuntamiento, así que no vamos a darle tanta importancia al hecho de que viniese andando. Al fin y al cabo, es un atleta, que corre la maratón de Nueva York siempre que puede.
Pue eso, Don Pedro venía andando, acompñado de otras dos personas. Por la trayectoria por la que iba, se veía claro que antes o después se iba a cruzar con los manifestantes. Y uno que andaba por ahí, no pudo evitar pararse para ver qué ocurriría. ¿Se pararía Pacheco? ¿Les diría algo los manifestantes? ¿Cruzaría la calle para evitarlos? El caso es que, cuando Pacheco pasó por delante de ellos, hubo un cruce de miradas mutua. Él los miró, y los obreros le miraron. Y no se sabe quién, quizás ambas partes a la vez, pero el caso es que se saludaron, y se dijeron algo. Pacheco optó por acercarse a ellos y saludarlos. Mantuvo una conversación con ellos, no muy larga. Y en poco tiempo, Pacheco estaba con su móvil pegado a su cabeza manteniendo una conversación. Los obreros permanecían expectantes. ¿Con quién estaría hablando? ¿Sobre qué? ¿Quizás sobre el tema del impago a los obreros? ¿Quizás sobre sus preferencias para la comida del día? El caso es que uno tuvo que seguir con sus quehaceres, y ahí los dejó a Pechaco y a los obreros.
Cual fue la sorpresa de ese uno cuando, al llegar a casa, se entera por la radio que los obreros manifestantes daban por finalizada su reivindicación, al llegar a un acuerdo con sus jefes. La pregunta es, inevitablemente: ¿tuvo algo que ver Pacheco y su llamda con el fin de la concentración de los obreros?
Sólo ellos lo saben. En cualquier caso, creo que era digno de ser contado. Lo más importnate, de todas formas, es que los obreros cobraron su sueldo de junio, y esperemos que puedan cobrar el mes de julio en el tiempo establecido.
Un saludo
¡Pobre gente! El mismo buy paper cambio de su dinero ganado honradamente, que todavía debe estar en huelga!